

Somos una iglesia vibrante, que ama Presencia de Dios y su palabra y sueña ver a la gente ser salva, sana y libre para amar, adorar y servir a Dios.
Nuestra meta suprema es descubrir y vivir en el propósito eterno de Dios, para convertirnos en lo que Dios nos predestinó ser, servirle, conocerlo y reflejar el carácter de Su Hijo en nuestras vidas.
La revelación del amor del Padre nos afirma en la identidad como hijos de Dios, también tiene el poder de sanar las emociones, relaciones y de redimir nuestra historia.
Nuestra pasión es desarrollar al máximo el potencial que Dios nos dio, crecer constantemente, ir hacia nuevos niveles de fe, unción, revelación, bendición, de madurez espiritual y de carácter.
Fuimos diseñados para vivir en una relación personal e íntima con Dios, y a la vez, construir relaciones saludables y perdurables con nuestro prójimo.
Nuestro llamado esencialmente es amar a Dios, y experimentar su incondicional amor para compartir con toda la gente a nuestro alrededor.
Cristo vino a establecer a la tierra el gobierno de Dios, un reino sobrenatural de poder, justicia y amor. Trajo la cultura del cielo para expandir su influencia en toda esfera social, por medio de la iglesia.
Nuestro sueño es ver a cada padre natural y espiritual transferir su legado espiritual a su generación y ver familias integradas en la iglesia, abuelos, padres, hijos y nietos adorando juntos al Señor.
El Espíritu Santo a creado una cultura multiétnica en nuestra iglesia y un lugar de ensayo para el cielo, pues allá los redimidos, gente de toda tribu, lengua y nación cantaremos unidos a Dios y al Cordero.
La Biblia es la Palabra de Dios para todas las personas. Fue escrita por autores humanos bajo la guía sobrenatural del Espíritu Santo. Al ser inspirada por Dios, la Biblia es verdad sin mezcla de error y es completamente relevante para nuestra vida diaria.
Dios ha existido en relación consigo mismo desde la eternidad. Existe como una sola sustancia en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Aunque cada miembro de la Trinidad desempeña funciones diferentes, todos poseen el mismo poder y autoridad.
Dios es grande: es todopoderoso, omnisciente, omnipresente, inmutable, completamente digno de nuestra confianza y, sobre todo, Santo. Es en Él que vivimos, nos movemos y existimos. Dios es bueno. Es nuestro Padre. Es amoroso, compasivo y fiel a su pueblo y a sus promesas.
Jesucristo es completamente humano, pero a la vez completamente Dios. Él es el único plan para que quienes están lejos de Dios recuperen una relación correcta con Él. Vivió una vida perfecta para poder sustituirnos y satisfacer las exigencias divinas de perfección. Derrotó a la muerte en su resurrección para que podamos tener vida.
La presencia del Espíritu Santo nos asegura nuestra relación con Cristo. Guía a los creyentes a toda la verdad y exalta a Cristo. Convence a las personas de su pecado, de la justicia de Dios y del juicio venidero. Nos consuela, nos da dones espirituales y nos hace más semejantes a Cristo.
El hombre fue creado para existir eternamente. Existirá ya sea eternamente separado de Dios por el pecado o en unión con Dios mediante el perdón y la salvación. Estar eternamente separado de Dios es el Infierno. Estar eternamente en unión con Él es el Cielo. El Cielo y el Infierno son lugares de existencia eterna.
La humanidad fue creada a imagen de Dios y es el objeto supremo de su creación. Fue creada para tener comunión con Dios, pero se separó de esa relación debido a la desobediencia pecaminosa. Como resultado, la humanidad no puede alcanzar una relación correcta con Dios por su propio esfuerzo. Cada personalidad humana es única, posee dignidad y es digna de respeto y amor cristiano.
La sangre de Jesucristo, derramada en la cruz, proporciona el único camino de salvación mediante el perdón de los pecados. La salvación ocurre cuando las personas depositan su fe en la muerte y resurrección de Cristo como pago suficiente por sus pecados. La salvación es un don de Dios y no se puede ganar con nuestros propios esfuerzos.
La Iglesia es una comunidad local de creyentes bautizados, unidos por la fe en Cristo. Está comprometida con las enseñanzas de Cristo y obedece todos sus mandamientos, y busca llevar el Evangelio al mundo. La Iglesia trabaja unida en amor y unidad, con el propósito final de glorificar a Cristo.